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martes, 9 de junio de 2009

••Capitulo 56••

Transcurrida otra semana más en la que la sensación de un espacio vacío prorrogaba salí de la clase de geometría cargada de cansancio, aburrimiento, con las piernas entumecidas debido al sedentarismo de la pétrea butaca, el difícil concentrar a una clase de la que no me entraba en la cabeza el comprender un axioma y la entrada y salida de Concesión Express de reflexiones.
En los pasillos, aulas, baños, jardines y en todo rincón sin excepción a ninguno se escuchaban los cuchicheos de todos los estudiantes achispados por “El evento más importante” El Baile de Invierno, cabía confesar que yo no estaba alegre, por dos razones, La primera: No me gustaba bailar y mucho menos transitar por espacios concurridos, henchidos de sonido repercutido en mis sensibles tímpanos vírgenes al volumen excesivo. La segunda: —La pareja— sin referirme a que me urgía conseguirla, si no, que otra vez salía mi debate, que como tema principal era: « ¿Por qué es importante una pareja en un baile? » Tema controversial del que se podía sacar jugo, la gente era tan tradicionalista que usaba la palabra “pareja” como la mas destacada, —Sin dúo, no hay baile— ¿Qué? ¿Acaso esto era un requisito? ¡No! ¿Qué problema tenía el ir con una amiga? Bueno, yo no tenía una “amiga” de mi edad, ni tampoco iría a tal festejo, por eso defendía a otras chicas, esas que quedaban “sobrantes” ya que el idiota que escogía acompañante salía tras los huesos de “la más bonita” si es que así podía llamársele a las típicas cabezas huecas interesadas por el qué dirán y su aspecto […] Pero nadie lograría cambiar la forma de pensar tan terca de un chico, aunque mi punto de vista sería inútil, era una forma de distraerme, mientras seguía mi curso.
Cegada y totalmente ida choqué, levanté la vista, encontrándome con su penetrante y castaña mirada, llena de un brillo resplandeciente que en los últimos meses conseguía sobresaltar mi corazón y golpear vehemente a mi estómago por dentro.
-Emm… lo siento- bajé la mirada blanqueando al suelo, retrocediendo un paso y dando un movimiento para emprender con la pierna derecha, cuando la izquierda quiso rebasarla, esta se vio interrumpida cuando su tibia mano sostuvo mi antebrazo.
-Necesitamos hablar- manifestó circunspecto, mordí mi lengua y giré enfrentándolo.
-¿De qué?-
-Aquí no, ven, vamos- jaló de mi brazo precavido.
Sonreí. -Te sigo- me solté, acepté con algo de gusto al escuchar su voz otra vez sobre asuntos personales y no escolares.
Lo respaldé examinando su refinado caminar, a medida que avanzábamos se perdía de vista a los estudiantes que acechaban parecidos al retrato de La Gioconda solo que en un efecto tridimensional, o sea real y no un bosquejo implantado en un lienzo.
Subimos escaleras, dejé de ser quejumbrosa estando a su lado… aún no dedicándome una sonrisa, un gesto o un aojar apacible, de los que esperaba ansiosa su arribada, pero si permitiéndome ser su compañía, con eso me conformaba, solo momentáneamente.
La terraza de estupendo panorama, cielo despejado y aire sutil, el mejor lugar para dialogar…
-Bien, ya estamos aquí… ¿De qué quieres… ha… hablar?- tartamudeé.
-Estimo que… el tiempo… ya es demasiado… necesito la conclusión, tu conclusión-
Parpadeé timorata sin anexar su mirada a la mía.
-Respóndeme- tomó mi rostro entre sus manos y buscó mi mirada abismada, mi corazón bombeaba la sangre velozmente, y un miedo me conquistó.
-Ya espere, te di tu espacio, ya es hora de que derrumbes de una vez por todas todo esto que se creó aquí- su mano tomó la mía y la retrajo a su pecho, su corazón al igual que al mío botaba disparatado. -(tn) Te extraño, quiero hacer esto…- susurró muy cerca de mis labios y juntó su frente contra la mía. -Sabiendo que sientes lo mismo- esa cercanía era mucha provocación, así que los dos unimos nuestros labios, una beso que revelaba una inmensa ternura…

domingo, 7 de junio de 2009

••Capitulo 55••

Mi suplicante ética enterada de mis actos aviesos no hizo nada, y solo se adiestro a la ocasión, mis brazos que colgaban previamente como dos cuerdas indefensas recababan coacción para depositarla en sus hombros.
Un piquete de omisión traspasó mi piel.
-Joe, no…- me aparté de el con los brazos cruzados, la mirada gacha y los hombros encogidos. -Lo he pensado mejor, y… si necesito el tiempo, solo quiero ordenar mis sentimientos, desunir los que hagan impar y dejar solo los necesarios. ¿Me entiendes? No se si sea lo correcto, pero me es indispensable… y esta decisión esta tomada y no pienso cambiarla-
-¿Por qué lo haces?... ¿Por qué cuando por fin redacto mi proyecto de vida, te vas?-
-Yo… no lo se… tal vez todo esto sea un mezcla, un consuelo, ninguna vida es fácil, la mía no ha sido un lecho de rosas, he pasado por momentos complicados y duros, los caminos se abren y se cierran continuamente, y para cruzarlos te tienes que enfrentar a los obstáculos-
-No te comprendo y no me importa, no soy tan obstinado, y como dices si he de luchar por lograr mis objetivos, lo haré-
-Como quieras, cada quien por su lado-
-Solo por un tiempo- corrigió.

Sus ojos brillaron con intensidad ante la decisión a la que éramos victimas, los días pasaron que ni siquiera los sentí, aunque las noches eran prolongadas, el techo de mi habitación dibujaba su rostro, mi cuaderno abocetaba su silueta, mis clases enseñaban sus portes, mi camino contaba sus pasos, mis descansos ajetreados recordaban su persona y mis sueños fantaseaban su figura, con una aparición tenaz que impedía el eximir de mis adeudos, ese amor correspondido a un individuo ya no perteneciente a este planeta, pero si en mi órgano atenazado de emociones, sensibilidad, afecto, dolor, pena, disgusto, aflicción, amor, ternura, etcétera, y este sin romperse, una bolsa de brutal capacidad, a la que se le hacían agujeros, pero aún así mantenía su contenido.

Nuestras miradas se encontraban a los ajustados horarios de clases compartidas de ambos, las pláticas entabladas no se salían del único tema “La clase” términos numéricos, científicos, gramáticos, entre otros […] Los almuerzos no eran satisfechos ya que necesitaban más que un simple alimento; Allison no dejó de ser su novia y eso me daba demasiado que pensar «Si solo jugaba conmigo» era la frase que me flanqueaba todos los días, pero eso no me obstruía en seguir acomodando mis sentimientos; Jason me hizo compañía voluntaria, le iba tomando cariño, su “amistad” era útil, pues cada conversación, —no muy de mi interés— rellenaba cada espacio reflexivo con un bla, bla, bla, sin horizonte, sin embargo al término del frustrante colegio ni mi madre me hablaba, ya fuera con una burla, un comentario que renacía mi cólera, o una sílaba, nada, y eso me desesperaba porque mi mente estaba despejada a dejar entrar mis especulaciones.
Y Penny, bueno ella si disponía de un lapso para escuchar mis tonterías, casi todas, claro, explicadas por mi en un lenguaje adecuado a una niña diez años menor que yo, una tardé por poco y me da el patatús cuando me hizo una pregunta que a su edad no era sencillo de conceptuar. — ¿De donde vienen los bebés? — se excusó diciendo que su madre le había contestado «Los traen las cigüeñas» ¡El engaño más típico con el que responde una madre! ¡Por Dios! Sabía que era un arduo trabajo el pensar la réplica, pero no era para llenarnos de falsas ideas las cabezas, ¡Aún así lo descubriríamos algún día! Ella me reveló que no le era convincente que un ave volara con semejante bulto, « ¿Y si se cae? » preguntó, parpadeé dándole la razón — ¡Que estupidez! — pero esta disputa no estaba del todo de mi parte, pues no podía decirle «Se hacen por medio de una relación sexual, pene-vagina órganos del hombre y la mujer…» Seguro la madre me demandaría a las autoridades por la explicación tan exacta y completa a una niña de ocho años de experiencia.
Así que omití esa pregunta con una excusa «Ya es tarde, deberías ir a casa» ventilé mis pulmones con aire puro que sosegaba el nerviosismo que se produció…

sábado, 6 de junio de 2009

••Capitulo 54••

El tañer rechinante de las ruedas del carro mecánico al ascender por las vías oxidadas, escanciaba mi osadía en pequeñas migajas masticables y desmenuzables, desprendiendo el hedor de la cobardía.
La alabeada línea que seguía el engranaje aumentaba su cúspide, trinqué la saliva reservándola en mi garganta, prensé los dientes, encrespé los músculos y cerré los ojos acorazados.
Esa emoción se posesionó de mi anatomía, la adrenalina compulsiva.
Grité con suma potestad y estreché lo primero que se me interpuso.
-Oye, de ahora en adelante te subirás conmigo a todo juego que impliqué altura y velocidad- armonizó en burla su voz en un esfuerzo ya que descendíamos.
-¡Cállate!- mitigué su hostigar sin desatar mis extremidades rodeando de su torso y enquistando mi cabeza en su fornido pecho […] Cada giro en la curva estrepitosa, el hueco en el vientre y el hecho de abrazar a Joseph por elanes míos, tuvo que ser aguantado hasta el final.
-Disfruté el recorrido- sonrió sincronizando su salida con la colaboración para mi al bajar el artilugio.
-Tu tenías planeado eso- le culpé.
-No, pero aprendí que con esperar las oportunidades es más que suficiente- risoteó y metió las manos en los bolsillos de sus pantalones.
-Continúa y la única oportunidad que tendrás será la de mi puño en tu boca- amenacé, súbitamente una arcada me sublevó, tapé mi boca con la palma de la mano y con mi brazo envolví mi estómago, un mareo atosigó.
-¿(tn)? ¿Te pasa algo?- preguntó inquieto.
Negué con la cabeza, un saltito me inducía y liberé espontáneamente esas ganas de vomitar… en su camisa por una incuria.
Su mirada irascible se poso en mi cara pasmada, en la que se esbozaba una cadena estirada por las comisuras de mis labios y el requerimiento de una carcajada, que fue entrega inmediata.
-¡Que repugnante!- se quejó alzando sus brazos y observando con asco su camisa embarrada de bodrio, probablemente el desayuno de esta mañana.
Mis risas no cesaban, aunque a mi también me daba repulsar, pero mi humor ganaba por mayoría.
Caminó furioso hasta la salida y se aproximó a su auto.
-Amo la venganza- expresé a sus espaldas ignoró mi comentario, tomó del borde de su camisa y la deslizó por su tronco, yo solo me quedé enmudecida y patidifusa, su espalda descubierta eclosionaba la ansia de rasgar su piel. Aunque repudiaba esa parte de mí, que me llevaba a desear lo imposible o a desacatar las leyes que regían mi vida digna de una dama.
-¡Ponte la camisa!- cubrí mis ojos con ambas manos.
-¿Qué?- voceó -Pretendes que este con esto todo el día-
-Pues… si- dije sin descubrir mis ojos.
Resopló -Vamos, ni que nunca hubieras visto a un hombre sin camisa-
-¿Hombre?... Intento de hombre querrás decir-
Sentí como sus manos esposaban las mías y las separaban de mí situándolas al lado de mi cabeza, elevé la vista hacía en cerúleo cielo flanqueado por las mullidas nubes y las aves revoloteando gustosas, con el simple hecho de no pirrarme con una tentación a de la que en un pasado no resultaba incontenible a mi interés.
-No me toques- exigí tajante.
-Mírame a los ojos y dímelo- susurró en mi cuello con su respiración cálida.
Titubeé nerviosa, pues era una situación de la que se adueñaba y saldría invicto, pero obvio yo no se lo permitiría.
-Si crees que podrás conmigo estas equivocado- bajé la vista y la conecté a la suya con una gallardía no convincente para mi, pero si para él.
-¿Estas segura?-
-Completamente- sonreí con picardía.
Soltó de mis muñecas dejándolas caer levemente.
-¿Consideras que este juego se acabo?- musitó.
Lo miré caótica. -Si-
-Estas desacertada- en un movimiento raudo tomó de mi cintura y conllevó sus labios a los míos contrayéndolos fugazmente…

miércoles, 3 de junio de 2009

••Capitulo 53••

-Bien, y ¿A dónde iremos?- interpelé durante la trocha enfilada a un paraje atestado de arboledas, en las que se rezumaba a la selecta luminaria del día.
-Es una sorpresa- rió entre dientes dejando a la perspicacia su rutilante y albina sonrisa.
-No se si lo sabes pero suelo ser muy afanosa e impaciente- chuflé, pero preferible comunicar que era una realidad, la curiosidad me sonsacaba.
-Solo espera, no falta mucho-
Reproduje un visaje divergente y traspuse mis brazos, expresión que le originó gracia a Joseph…

-Llegamos- clamó, justo la palabra que excitó a mi ánimo, avizoré por el cristal acarreando aspaviento.
-U… un parque de diversiones- balbucí.
-Si- afirmó.
-No… tu… tu estas chiflado, es… la primera vez en mi vida que vengo a estos lugares…- se formó un nudo en mi garganta -Me aterran esos monstruos- pronuncié formidable; ojos bien abiertos, dientes agarrotados y músculos estáticos eran resultado al miedo que me zampaba.
-Vamos, no es tan malo- insistió.
-Claro que si es malo, es horrendo, ve la altura de ese espantajo- encañoné con el dátil a la maquinaria de gran cumbre, de la que se precipitaba una persona ¿Cómo podían soportar el aventarse de… 3OO metros y disfrutarlo? ¡Son unos lunáticos!
-Se llama bungee- me corrigió.
-Pues como se llame, ni loca me subo a esa cosa- Esa era mi aversión más ingente: La alturas, Joseph macearía mucho con su pirada doctrina, pero yo no hallaba el compungir a sufrir de esa forma, eso si que era masoquismo.
Carcajeó -No nos subiremos ahí, hay otras más atracciones- retomó.
-No me importa, yo no conozco NINGUNA en la que no se sienta esa sensación de… explotar… a excepción del carrusel- avalé ingenua.
-Si nos subimos al carrusel… ¿Entras?- preguntó en una inflexión de desaire.
-No… no confío en ti- repuse.
-Como quieras- suspiró…

-¡Ash! ¡Te odio! Siempre tienes que hacerme ceder en contra de mi voluntad ¿Verdad?- refunfuñe con un pigmento rojizo en el rostro, y la presta evasión del humeante en mis orejas.
-Si no te cargaba no habría otra forma de discernir tu necedad- se excusó, yo solo lo fulminé con la mirada mientras merodeábamos por el lugar.
Su cabeza doblaba a todas partes con un vistazo extasiado al leviatán nulo a mi atracción pero si a mi pánico.
-¡Ven, entremos a ese!- exclamó con emoción jalando de mi muñeca.
-¡No! Lo único que vas a lograr es que me muera de un infarto- las piernas me cimbreaban.
-No te pasará nada, estás conmigo- dijo galante acompañado a uno de sus semblantes “invictos y atractivos” según el.
-¡Ja! Aún peor- mofé y enarqué una ceja.
No estaba muy a mi alcance el conocer sus estrategias, pero perdí la noción del tiempo cuando ya estaba sentada sobre el carrito de la montaña rusa, aferrada al tubo…

lunes, 1 de junio de 2009

••Capitulo 52••

-¿Ah… no? Entonces… ¿Qué… qué… qué es?- tartajeé obtusa.
-Bueno…- hizo un entreacto y clavó los dientes en el belfo -Quiero que vayamos… mañana de tournée-
-¿Qué? ¡Primero muerta a ir a algún lado contigo! ¿Qué parte no entiendes de que quiero que te alejes de mi?- le enterré con una mirada de arrebatamiento.
-¿En verdad es eso lo que quieres?- combó una ceja escéptico.
-¿Por qué debería mentirte?- argüí retadora.
Quedó enmudecido y meditabundo por una hendidura de intervalo.
-No me explico el porque eres tan consistente… te lo dije enteramente prudente, muy dentro de mis cinco sentidos y te lo repito las veces que quieras «Te-Amo» y eso no va a cambiar, para mi el estar cerca de ti es una necesidad, una droga, un vicio-
Estiré mis labios cerrados curvándolos solo un poco.
-Llevamos casi un mes en conocernos y ¿Tú confiesas algo así con desmesurada seguridad? no es tan fácil como crees, una chica, o por lo menos yo, no va a caer rendida a tus pies al escuchar estas palabras de tu boca, yo admito que igual he hecho mal, eso de andarnos… besando así, de esa forma tan… alienada, es precoz… mira, lo que debes entender es que yo no puedo decirte lo mismo, algo que no se… ambos nos engañaríamos-
-Tiene coherencia lo que dices, pero no puedes sacar a alguien de tu espacio así como así-
-Solo te pido que este tema no entre en alguna conversación nuestra hasta que yo principalmente lo decida y me convenza de que exista algo… si es que mi pasado no intervenga- lo último lo musité para si misma, pero no fui muy discreta.
-¿En qué alude tu pasado?- preguntó ávido.
-Son asuntos de los que tal vez algún día te hable- templé su curiosidad.
-Mmm…- dijo desilusionado. -Entonces… ¿Mañana el paseo?- más que una pregunta fue una orden de la que mi mente estuvo de entremetida: «Distráete un poco» aconsejó.
-¿Te espero a qué hora?- sonreí por inercia.
-Paso por ti a las 1O:OO a.m.- su rostro reveló alborozo.
-Okay, no llegues tarde, odio a los impuntuales- advertí, nuestra platica acortó el camino hacía mi hogar, así que cuanto dije esto bajé del auto y fluctué mi mano horizontalmente dándole la despedida.
Esa noche logró ser una muy serena, mi madre no hizo preguntas de mi retrasada llegada, mi cama estaba más cómoda que nunca y la ligera luz de la luna se colaba por los huecos descubiertos de mi ventanal dándome una luz espectacular […] Solo que el “paquete del sueño perfecto” incluía en los pensamientos a un infiltrado, Joseph, atendiendo mis alucinaciones, no físicamente pero si en una figura invisible […] Antes de caer fatigada, innumerables resonaron en mi cabeza sus dos palabras «Te amo»…

Al despertar comenté a mi madre sobre mí “paseo” con Joseph beneficiándome con sus ojos entreabiertos, las ojeras profundas que se pintaban en la cuenca inferior de sus ojos y la expresión sosa, en ese estado ella no sabría que desaguaría, con un muchacho.
Apresuré mi arreglada antes de que el café que se empinaba mi madre hiciera efecto.
Observé por mi ventanal cuando el auto de Joe se estacionaba frente a mi casa, cuando asomó su cabeza por una de sus ventanillas se dio cuenta de mi figura en el balcón de mi habitación y amplió la curvatura de sus labios.
Redacté una nota para mamá:

Mamá, como te dije esta mañana, saldré, ya que me parece bien el solazarme por un tiempo, no se con precisión la hora de mi llegada, pero se que estaré bien, no te preocupes.
¡Ah! Y te aviso para que después no me retes “por no decirte” porque si te lo mencioné, pero estabas tan adormilada que dudo que me hayas puesto atención.

Te quiere. (Tn)

Puse el papelito sobre mi cama y salí cautamente para no edificar la suspicacia de mi procreadora…

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