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viernes, 10 de julio de 2009

••Capitulo 67••

Arraigué en mi perspicacia la singladura entre lo correcto e incorrecto, y tomé como impertinente su propuesta y ofrecimiento.
-No… no puedes… no podemos- apelé boba denegando con un experimento fallido al llevar a mi voz a un sonar gutural y escarpado para transmitirle la seguridad y coraje de mi fuerza de voluntad.
-Oh vamos- instigó.
-¡No!- reiteré.
-En tus ojos se puede leer lo contrario-
-¡No leas mis ojos!- tipifiqué.
-Entonces… ¿Si lo dicen?- preguntó, mis respuestas debían ser analizadas antes de darse a conocer, como también debía de cuidar lo que mis pupilas proyectaban, pero… ya era tarde para darme esos consejos.
-¡Claro que no! ¡Y ya quítate!- con mis rodillas flexionadas empujé su cuerpo, lanzándolo a un costado del mío, me puse de pie antes de que me demostrara de nuevo su agilidad al moverse, acomodé mi pijama y caminé hasta la puerta de mi habitación para abrirla. -Vete- mandé actuando un ademán que le indicara la salida al pasillo.
El clima iba en etapas, la primera fue el ingrávido sirimiri, después la lluvia, el chubasco, la borrasca, el huracán y el diluvio.
-¿Insinúas que me moje? ¿Vas a dejar que me arriesgue a ahogarme ahí fuera? ¿O que me bañe un auto?-
-Sí- afirmé cruzando los brazos.
Rió entre dientes, recargó la cabeza en sus brazos y traspuso la pierna.
-Se me olvidó decírtelo antes: Linda pijama- mofó, incliné la cabeza hacía abajo y llevé mis pupilas a mi cuerpo, noté que mi atuendo no era nada favorecedor a mis mandatos, si no que era una carnada, me sonrojé azorada.
Apreté los ojos, y gruñí.
Antes de que explotara de coraje contemplé como se paraba y caminaba en movimiento rectilíneo hasta la puerta. Salió dejando que su figura se oscureciera debido a la falta de luminosidad del exterior de mi habitación. Un estruendo asociado a una descarga eléctrica rutilante me hizo estremecer.
-Joe, pensándolo mejor, no quiero estar sola, quiero hablar contigo- una excusa de la que podría beneficiarme para conocer el resto de una respuesta inconclusa que me intrigaba al saber el estrecho prologo que ya había escuchado.
Sonrió victorioso. -¿De qué quieres hablar?-
-De… el otro día charlabas sobre “Tu experiencia” con un…- recitar esa palabra me daba temor, era aterradora saliendo de mi boca y aún mas cuando supe que en mi conciencia había sido, en algún tiempo una decisión. -Suicidio- dije sin aliento.
-Cierto, la loca de Allison nos interrumpió en ese momento- aseguró. -¿Puedo pasar?- preguntó.
Sonreí y enquicié.
Entró y se sentó en el colchón, yo me situé frente al cristal del ventanal siguiendo con la mirada como las gotas resbalaban y admirando el espectáculo de luminarias que encendían el firmamento nocturno.
-Pues… paso hace tres años en Houston, Texas- su comienzo me impresionó al notar la analogía diferentes versiones. -Estábamos acá, en Los Ángeles, una llamada dejo a mi madre con el corazón en la mano, las noticias no eran buenas, el abuelo estaba al borde de la muerte por una enfermedad que poco a poco lo acababa, la anemia. Partimos inmediatamente, al llegar al hospital lo vi ahí, yaciendo su cuerpo en la camilla, aparatos y cables eran un complemento a su cuerpo. La escena era devastadora, así que decidí inspeccionar el hospital, metí las manos en mis bolsillos, pues el ambiente era tan frío, pronto me encontré con pasillos divididos, arterias, era como una cueva de la que tenía que escogerse con precisión la salida, observé cuidadosamente, cuando al fijar mi vista a un pasillo de mi lado izquierdo capté la figura de una persona, una joven, esta abría una puerta, y en cuanto desbloqueó su trayecto por esta el aire se infiltró en el pasillo, podía haber pensado que era un fantasma y salir despavorido repleto de cobardía, pero no, caminé hasta la puerta y pude ver como su cuerpo pendía de la orilla de lo que parecía ser la parte mas alta del edificio, la azotea, reaccioné inmediatamente, la tomé por la cintura, y la arrastré hasta mi, su cara estaba cubierta de vendajes, y era difícil hallar la lisura de su rostro. Le reclamé sin derecho, « ¡¿Que te pasa?!... ¡¿Estas loca?! » Sus parpados eran débiles, por esto solo fueron abiertos para volverse a cerrar- mis mejillas estaban plegadizas por las lágrimas, el nudo en mi garganta era vigoroso, incapaz de articular algo. -La llevé en brazos, sin saber su el paradero, hasta que una señora alterada me vio, le esclarecí lo ocurrido, ella agradecía de una forma infinita el que hubiera salvado la vida de su única hija, sin mas gratitudes a la espera salí de la habitación- sollozaba una y otra vez, ya no había dubitaciones de que esa chica era yo y él la misma persona que esperé encontrar para agradecer, pero con la sorpresa de que solo en mi recaía su odio por ser tan estólida. -(tn) ¿Te pasa algo?- apoyé el codo en la palma de mi mano y con la otra cubrí mi cara para ocultar mis lágrimas.
-Joe… ¿Qué pasaría si te dijera que hablas con esa misma persona?
-¿Cómo?-
-Si te declarara que la chica de Texas, a la que salvaste hace tres años, la que estuvo a punto de infringir contra su vida, la que te debe el honor de… estar actualmente aquí… soy yo-
No quise contemplar su expresión, la cual estaría hostil, repulsada, amilanada, sorprendida, impactada.
-¡Respóndeme! ¡¿Me odias?!- proliferé.

miércoles, 8 de julio de 2009

••Capitulo 66••

Esa de imagen de la resplandeciente sonrisa, la de los castaños ojos suculentos, espabilados y dinámicos, la de los labios encarnados, gruesos, suaves, traviesos, la de la tez morena, la de los lunares esparcidos sobre su piel tal como una Vía Láctea de posición idónea, todos estos eran aspectos de una escultura de belleza de un Adonis…

Mi madre había partido por su trabajo, por lo tanto pase la tarde en una casa fue solo mía.
-Al fin sola- dije para mi misma, me arrojé sobre el acolchado, prendí mi lámpara dejando que los rayos del Sol se despidieran para recibir gustosa a las tinieblas, estas cada vez más espesas por las nubes negruzcas de la nueva tormenta que se albergaría en la ciudad, me cobijé con las sábanas blancas y una frazada abrigadora, suspirando una y otra vez; mi dedo dibujaba su nombre en el aire e hice una plana abstracta en este del grosor de un libro.
Adopté la decisión de darme un baño, me desarropé, busqué una toalla, mi ropa intima y mi pijama en uno de los cajones, la noche era calurosa así que opté por el camisón rosado, era corto un poco mas arriba de la rodilla, por una parte lo aborrecía porque había sido un regalo de mi madre al cumplir los 18 y tenía grabado un osito con un corazón en la parte del pecho, muy infantil, por cierto, los detallitos de animales “Románticos” no eran de mi agrado, pero ese día mi madre no estaba, así que evadiría sus burlas.
Giré el picaporte de la puerta del baño, dejé mis pertenencias en el tocador, deslicé la puerta de la bañera y abrí la llave del agua […] Por un tiempo dejé que mis músculos se destensaran con la temperatura del líquido, cerré los ojos y apoyé mi cabeza en el borde del azulejo…

Salí ya vestida, frotaba mi cabello con la toalla para retirar la demasía de humedad. La tiré en un rincón y apagué la lámpara, cubrí mi cuerpo con las sabanas y cerré los parpados para caer en el sueño y crear un mundo de fantasías en el que solo ahí podría existir la felicidad para mi destino, el cual me execraba…

Mis parpados se abrieron súbitamente al sentir el roce de una fría mano en la piel de mis extremidades, reaccioné giré mi cuerpo y con violencia lancé un puñetazo, no al vacío, pues si chocó este con el bulto.
-¡Auch!- gritó, el peculiar grito de… Joseph.
Me senté sobre el colchón y encendí el interruptor de la luz.
-¡¿Qué haces aquí?!- exigí saber, ahí estaba recostado en el colchón abrazando a sí mismo su estómago, apretando los dientes y estirando la cabeza hacía atrás entreviendo todo su cuello, ese era un quejido.
-¡Eres una salvaje! Creo que ya te lo había dicho en una ocasión- pronunció con dificultad, pues el aire de sus pulmones se extinguió debido al golpe.
-Eso te pasa por aprovechado- reñí.
-Solo vine a visitarte y ¡ve! ¡Me atacas!- gimió.
Crucé los brazos y me paré.
-Vete antes de que te vea mi madre- ordené.
-Tu madre no está- aseguró.
-Eso… ¿Cómo sabes tú eso?- pregunté escéptica.
-Tú lo dijiste hace unas horas- repuso.
-¡¿Desde cuando estás aquí?!-
-Déjame ver… si ajusto mi tiempo de llegada… fue… cuando dijiste « Al fin sola» -
Me quedé boquiabierta reordenando todo lo que había hecho después de esa frase.
-¡¿Qué viste?!- pregunté clamando.
Se sentó en el colchón con las piernas entrecruzadas y sonrió travieso.
-TO-DO- silabeó.
Me llevé una mano a la boca, bufé.
-¡¿Cómo te atreves?!- reclamé, me molestaba el hecho de que fisgó cuando me desvestí para la ducha.
Risoteó. -¿Ahora me vas a culpar que seas tan descuidada al quitarte la ropa enfrente de mí?-
-¡Yo no sabía que estabas aquí!- legitimé.
-Bueno, para la otra se mas precavida, así no lo tomarás por sorpresa- su tono burlesco colmó mi paciencia tanto que me arrojé sobre el golpeándolo, el solo cubría su rostro.
Con un movimiento rato sostuvo mis muñecas llevándolas una a cada lado de mi rostro y me viró quedando sobre mí, rodeando mi cintura en una postura hincada.
-No me importaría volver a mirar- dijo en una voz seductora muy cerca de mis labios, sin dejar de dibujar su sonrisa malvada, pícara y vivaracha…

martes, 7 de julio de 2009

••Capitulo 65••

Mis parpados no se pegaron en toda la noche, mis pupilas recorrían los rincones sin descanso, mi frazada se acoplaba a mi cuerpo, en el cual peregrinaba una corriente aterida, mis dientes chirriaban y temblaban chocando todos en su lado contrario…

Lo que me profetizaba mi destino llegaba, estaba cayendo en él, era un precipicio del que caía, y del que no tocaba fondo, pero aún así no era infinito…

Merodeaba en los pasillos con los libros ceñidos a mi pecho, indispuesta a entrar al aula, me paré justo enfrente de la puerta entrecerrada, escuché sonidos provenientes de ahí, los gritos eran broncos, la alteración de dos voces conocidas se hospedaba ahí.
-¡Te dije que todo se acabo!-
-¡Claro! Era obvio, después de verte con esa debería haberlo esperado-
-Allison, ¡Ya cállate!-
-¡Sí, haz de estar muy feliz, tú y esa ya lograron su objetivo: engañarnos a todos, a Jason y a mí!-
-Por eso mismo termino contigo, ya no quiero ocultar lo que siento, y mucho menos lastimar a segundas personas, se que hice mal, lo se, pero todo fue espontáneo- sus palabras y tono de voz reflejaban su seguridad.
-Yo te amo- insistió.
-Pero… yo no, no puedes forzar al corazón, el mío cambio de lugar y ahora puedo deducir con certidumbre el sitio en el que se encuentra, y no es contigo-
-¡Lárgate! ¡No quiero oírte, eres un idiota, no mejor yo me voy!- palabras que concluyeron la discusión, en cuanto Allison abrió la puerta totalmente irascible, su mirada me fulminaba. -¡Felicidades! ¡Espero que les valla muy bien!- expresó irónica, su hombro chocó con el mío y se fue a trotando.
Mi mirada se centró solo en él, suspiré y me adentré.
-¿Qué hiciste?- pregunté consternada.
-Lo que debí de hacer desde hace mucho- contestó, su voz sonaba impetuosa, pero su actitud era débil, sus brazos rodearon mi cintura, su cabeza se encajó en mi cuello y su respiración exhalante arropaba la piel de este e inhalaba mi aroma del que cuestionaba que fuera agradable, llamativo.
Su mano subió por mi cintura y llegó a mi cabello, sus dedos se enmarañaron en él masajeando mi cráneo.
Su cabeza se separó de mi garganta, su sonrisa se abocetaba lentamente, como si el cálido abrazo le hubiera devuelto la fuerza y el brío.
Su mano estaba en un tour por mi rostro, frente, cejas, sienes, parpados, nariz, mejillas, labios, barbilla, fueron acariciados por sus dedos a temperatura acogedora, templada.
-Nos veremos después- pronunció y me dejó alborotada en el salón, pero con una leve alegría, no mostrada por mi semblante pero si se apoderaba de mi anatomía…

Primera experiencia, una de las más felices de mi vivencia, pues ya se aclaraban sentimientos mutuos, ya era un hecho Joseph y yo nos amábamos…

Últimamente se le veía a mi madre preocupada, andaba de un lado a otro, y en las pocas veces que intercambiábamos miradas no eran esas pícaras con las que solía molestarme, entraba en un papel de mujer de negocios pero a juzgar de sus acciones no eran solo de eso, su cara era el espejo a la monomanía.

-Hija tengo que ir a resolver unos asuntos de la Institución, volveré tarde, perdóname si no he estado mucho tiempo contigo, pero tu sabes que te quiero, y pase lo que pase eso no cambiará-
Sonreí sarcástica.
-Mamá, suenas como si no nos fuéramos a ver en años, tranquila, tal vez tú y yo iremos a un spa- recomendé, ella me miraba escéptica, pues mi humor cambiaba drásticamente, ya no era la chica amargada, mis sonrisas iluminaban la casa, y por una razón, obvia, con exactitud a una persona llamada Joseph.
-¿Por qué tan contenta? He estado como rayo por la casa, pero tu alegría se impregna en toda la casa, espero que me cuentes luego quien es el afortunado- mi sonrisa se desvaneció, era observadora, mi misterio dejaba de serlo para publicarse en cada medio de comunicación del mundo.
Arqueé una ceja y subí a mi habitación, me recosté sobre la cama y posé los antebrazos en la nuca, para buscar la cara de Joseph en el techo...

sábado, 4 de julio de 2009

••Capitulo 64••

-Tranquila, solo era una broma, quería examinar tu reacción, veo que te encoró- rió en un suspiro. -No me imaginaría a mi mejor amigo y a ti, juntos- sonrió. -Si fuera cierto, lo mataría- expresó con un tono irónico, pero yo dudaba de ello, pausó y detuvo el auto a causa del semáforo, en eso pegó su frente al volante, rozando sus manos empuñadas en este. -Por un momento creí lo que dijo Allison, traté de hacerme el desinteresado frente a ella, pues me lo echaría en cara al ver mi expresión crédula, es una embustera, a veces me pregunto que le vio Joe, es tan infeliz con esa…- suspiró. -No importa, pero entiendo que la cabeza de Joe esta llena de… basura, existiendo tantos peces en el mar, elige al tiburón cuando él solo es un indefenso pececillo-
Me quedé reflexiva asimilando que ya no podía engañar a nadie, ni mucho menos a mi misma.
-¿Pasa algo? Te quedaste muy callada, ¿Acaso algo te esta abatiendo?- fisgó.
-Emm… no, solo pienso que tienes razón, ¿Pero que tiene Allison que no tenga… otra chica?- tanteé mis palabras para no confesar involuntariamente.
-No lo se, es con la que más ha durado, supongo, ha de buscar en ella lo que aún no encuentra en otra-
-Y si… digamos ¿Ya la encontró? Pero no es Allison, sino alguien completamente distinta a ella, esa que si despierte en él, no se “Amor”- inquirí ávida.
-Pues ha de estar confundido, mira, Joe no es de esos que se la pasan suspirando por alguien cada cinco segundos, pero tampoco es de los que esperan años en que una chica les caiga del cielo, tiene tantas enamoradas que no me deja ni una, bueno eso era antes pues yo ya encontré a la correcta, tú- se sonrojó. -Pero según mis observaciones en estos últimos meses ha estado… raro, diría que ya está flechado, y es la primera vez que le encuentro esos ademanes, no eso de que salte por todos lados, sino que está muy abstraído, pero es muy reservado, no me ha querido contar nada-
Procuré que mis muecas no demostraran el posible entusiasmo que rebotaba dentro de mí, pero también era negativa al pensar que no podría ser yo esa por la que Joe estuviera…
El auto volvió en marcha, las palabras no fluían en maremagno, una letra, sílaba o palabra, nada. El silencio absoluto reinaba dentro del automóvil, mis dedos jugueteaban, entrecruzándose o luchando, mi garganta mantenía un nudo brutal, y mis ojos se entornaban en dirección a mis rodillas. […] No recuerdo si en esa ocasión rezaba e imploraba con fe por que la proclamación de Jason derramara la pureza de la verdad y sobre todo siendo yo esa persona, que no fuera solo un engaño y un juego de sentimientos.
Llegamos a las afueras de mi casa, estacionando el auto a un costado de la acera, bajó de su auto y como todo un hombre altruista y con porte y paso firme giró la parte delantera, el cofre, para abrir la puerta, extendió su mano y me ayudo a sacar mi cuerpo del vehículo.
Le brindé una grata sonrisa, y me encaminé a la puerta de la cerca.
-(Tn)… que duermas bien- sonrió y yo le devolví el gesto, sus pasos se aproximaron hacia a mi, y una vez cerca sus endebles pero tersas palmas tomaron mi rostro, sus dedos acariciaban mis mejillas, y sus ojos centelleaban aún más con la luz de la luna posada en el umbrío cielo. Sus labios arrebujaron mi frente y en esa posición cerro sus ojos a la par de los míos para durar alrededor de seis minutos, el aire resoplaba susurrando en mis oídos, con incrustaciones de humedad, dando la señal de que la lluvia no tardaría en arribar.
Tomé de sus muñecas y deshice la conjunción de ellas sobre la piel de mi rostro y deslicé mis palmas sobre las suyas para terminar el recorrido en la yema de sus dedos.
-Buenas noches- me despedí, y entré a casa entretanto el acurrucaba sus manos en los bolsillos de su pantalón, avizorando mi ida…

Las gotas comenzaron a golpear mi ventana, y estas aumentaban cada segundo hasta que se convirtió en una tormenta, en la que los relámpagos iluminaban las calles, era una escena deprimente, pero pasó a ser una tenebrosa cuando los truenos aparecieron retumbando los cristales y ensordeciendo mis tímpanos…

jueves, 2 de julio de 2009

••Capitulo 63••


-¿Sino que?- indagué con interés, puesto que por dentro algo me mencionaba que eso era un asunto importante, digno de mi conocimiento, como también imprescindible.
-Pues paso hace…-
-¡Ahí están!- salió de la nada Allison encañonándonos con el dedo frenando la conversación. -¡Lo ves! ¡Te dije que estaban juntos!- echaba en cara a Jason que se encontraba a su lado.
-¿Y haciendo que?... ¿Platicar es un delito?- transigió en su parapeto.
-¡Ash!... por lo visto tu aún no entiendes nada- le dio la espalda y a pasos fornidos se colocó frente a nosotros. -Haber ustedes, desmiéntanme y díganle a este… hueco que no se adoran y que soy una farsante- exigió a Joseph y a mi, solo nos miramos atosigados por el rabillo del ojo, plenamente afásicos.
-Eee… Allison creo que el clima te está haciendo mal ¿Te parece si te llevo a tu casa para que descanses? Te hará bien- recomendó, con una excusa inútil, pues su novia no se resignaría con eso.
-Jason creo que a mi también me está enfermando esta atmósfera tan… loca… por eso de las temperaturas tan repentinas, primero calor, luego frío, y de nuevo calor y otra vez frío y calor…-
-(Tn) creo que ya entendimos- me calló Joe, y si creo que habían comprendido eso del clima a causa del calentamiento global, pero los nervios me llevaban a ser locuaz con las incoherencias.
-Oh perdón, ¿Qué dices Jason?... ¿Me llevas a casa?- sugerí, tratando de parecer convincente.
-¡Claro!... ¿Pero y tu madre?... ¿Qué le dirás?... ¿Ella te trajo no? Ah pero no digo que no te quiera llevar, para mi es un placer, solo que no creo que quiera irse aún- repuso entusiasmado, que era complicado para él captar sus propias palabras.
-Emm… dejemos que se divierta, por lo que haz oído, ella es todavía una joven-
-¡Ey! Esperen ¿Tu madre está aquí, en la fiesta?- me preguntó Joseph escéptico.
-Sí, es maestra en este instituto, solo que no imparte todos los turnos, por eso no nos da clases a nosotros- expliqué.
-¿Y cómo es que no la he visto?- preguntó.
-Puede ser que seas muy distraído-
-¿Si verdad?... como cuando no nota que YO estoy presente- intervino Allison.
-Correcto, ese es un excelente ejemplo, ¡Bien Allison!- felicité palmeando y esbozándole una burlesca sonrisa.
Arqueó una ceja, bufando.
-Bueno Jason ¿Nos vamos?- inquirí.
Su sonrisa de oreja a oreja dejó un letrero con un «Sí».
Tomé de su brazo, Joseph me lanzó una mirada de furor, me limité a sonreír y alejarme, junto a Jason circulando por los pasillos hasta pasar por la puerta del aparcamiento…

Durante el camino le indiqué la dirección…

-(Tn)- nombró.
-Dime- le incité a continuar.
-¿Qué piensas de Joe?- su pregunta me erizó la piel, pensaba tantas cosas positivas y negativas de él pero que me orientaban a una sola, el fruto que brotaba en las ramas de mi árbol.
-Pues… es… muy… li… enfadoso, odioso, irrespetuoso, vanidoso, mentiroso, y, y todo lo que termine en oso- esos eran sus defectos, y si no paraba escribiría un libro de todos ellos.
-¿También… amoroso?- si su primera pregunta había sido incómoda, esta lo era más, las sospechas de Jason también eran cosechadas, yo resultaba estar ilesa, pues Jason y yo no éramos una pareja, pero Joseph si era su mejor amigo, y con ese simple punto me empujaba a mi al triángulo o cuadrado incorporando a Allison quien ya estaba enterada de esa figura.
-Jason, ¿De, de, de qué hablas?- tartamudeé torpemente. No creerás que él y yo tenemos algo- agregué mintiendo y desviándolo pero encadenándome a un engaño que se fortalecía a medida de las situaciones presentadas…

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