Recargué ambos codos sobre la mesa y apoyé la cabeza en mis manos, no soportaba ver su cara frente a mi, así que entorné los ojos, y con esto la calma volvía a mi ser mis músculos se destensaban tanto en la posición en la que radicaba, era imposible que el sueño irradiara dentro de mi.
-No se porqué haces esto- censuré inconsistente.
-Ni yo... creéme- su replica desconecto mi laxo, yo rebosaba de infinitas dudas en consecuencia a escucharlo, cada frase que recitaba tenía un significado interno para mi, partiendo desde lo mas tonto y sin importancia, deteniéndose en el punto medio que era lo que en verdad me hacía emborrascar y el final y mas eminente, el rastro de la intriga que sembraba.
-¿Por qué lo dices?- cuestioné.
Negó con la cabeza levemente y esbozó una sonrisa pusilánime.
-Pues como dije, no lo se- mordió sus labios, otra duda inacabada, esta vez no me contuve y expresé lo que sentía:
-¿Qué quieres lograr... ¿Hacerte el interesante? ¿Sabes? ¡Estoy harta de que siempre me digas las cosas a medias! ¡Tu jueguito se acabó y yo ya no participo en él!- me revelé con sinceridad.
-Y que hay de ti, ¿eh?- dijo airado, como si mis acusaciones hubieran causado un efecto negativo en el, erguí mi espalda, con efectividad quería saber que me involucraba a mi en el tema. -Te cierras con las personas, no permites que nadie se te acerque, tu rostro a simple vista refleja que algo te oprime, te he preguntado en ocasiones si algo te pasa, como hace un rato cuando te pregunté si llorabas, y ¿Qué hiciste? cambiaste de tema, no entiendes que hay personas a las que les preocupas, en cambio tu, no te dejas ayudar, si nos comparamos verás que yo tengo la razón- su disertación me dejó sin palabras, todo era cierto, me encogí de hombros, puse la mano sobre la mesa y desvié la mirada a un punto inexacto.
-Aquí están sus ordenes- anunció el mesero, mi atención estaba en otro lado, el hambre podía esperar.
-¿No vas a comer?- esta vez su voz era suave. Hubo un silencio incómodo.
-Perdóname... perdóname si dije algo que te haya molestado- murmuró, alcé la vista y lo miré a los ojos, unos ojos apenados.
-Perdóname tu a mi, tienes razón, si hay algo que me oprime pero verazmente... no creo que seas la persona indicada para contarte esto... es... difícil- una voz débil pronunció esto, estaba derrotada, nunca nadie me había tratado de esa manera, no fue mala, si no que me hizo reflexionar como era mi actitud con la gente que me rodeaba y en especial con el, sentía atribulación por ser tan ingrata.
La conjetura de sus labios dibujó una sonrisa su mano toco la mía y la acarició con ternura como muestra de apoyo, yo simplemente traté de bosquejar una sonrisa -Come- ordenó entrañable.
-Gracias- bisbisé.
-¿De que?- arqueó una ceja.
-Por ser así conmigo, ¡ah! y también te pido perdón por haberte dicho que lo malo en mi vida era haberte conocido, me equivoqué, agradezco a Dios que te hayas cruzado en mi camino- fui humilde, no estaba al 1OO% consciente de lo que decía pero había seguridad en esas palabras, y quizá no debería haberlas dicho así, pero no podía regresar el tiempo solo para cambiarlas. No se porque pero me pareció que su rostro se iluminó con un tipo de felicidad. Comimos sin dirigirnos la palabra y era epatante porque el motivo no era un enojo. Durante ese intercambió de miradas mutuas, ¡pero no piensen mal! no eran miraditas amorosas solo... no hay palabras, no se me ocurre ninguna que lo describa pero les aseguro que no era nada de eso que se imaginan, bueno, analicé con gran lujo de detalle las palabras que me brindó, ese manifiesto que cambió mi forma de pensar, proviniendo una frase.
-¿Oye?- lo llamé.
-Si, dime-
-¿Tú te preocupas por mí?-