DA CLIC EN REPRODUCIR

¡Ponle lo que quieras!

Image Hosted by ImageShack.us

MySpace Layouts
MySpaceLayouts

Seguidores

jueves, 7 de mayo de 2009


Hola!

Perdón por no haber subido nove hoy!
Es que ustedes saben con lo del chat pz no concentrarme podía, pensando en Joe a cada rato, ahh! y Aww! se veía tan lindo! Claro que Kevin y Nick no se quedaban atrás eh! Amé sus camisas, sobre todo la azul de Joe y su peinado nuevo! Y bueno aunque no les entendí absolutamente NADA! bueno una que otra palabrita si, pero lo importante es que los vi! ;-D
Bueno también quería aprovechar esto para darles las gracias a todas las que dejan sus comentarios, no piensen que me enfadan, al contrario me alegra un mil verlos todos los días y aún mas cuando son muchos!
Gracias a las que frecuentan dejarlos! XD adoro saber sus opiniones, ya saben yo las escucho o en este caso las leo jajaja díganme si les gusto, que les gusto, que no les gusto, que les gustaría que pasara, etc TODO!
¿Ok? Ahora si me voy, y mañana si hay nove, espero, la inspiración, ya saben, pero creo que con eso del chat ya me llegó demasiada! jajaja

Buenas noches, las quiero mucho!

miércoles, 6 de mayo de 2009

••Capitulo 39••

Recargué ambos codos sobre la mesa y apoyé la cabeza en mis manos, no soportaba ver su cara frente a mi, así que entorné los ojos, y con esto la calma volvía a mi ser mis músculos se destensaban tanto en la posición en la que radicaba, era imposible que el sueño irradiara dentro de mi.
-No se porqué haces esto- censuré inconsistente.
-Ni yo... creéme- su replica desconecto mi laxo, yo rebosaba de infinitas dudas en consecuencia a escucharlo, cada frase que recitaba tenía un significado interno para mi, partiendo desde lo mas tonto y sin importancia, deteniéndose en el punto medio que era lo que en verdad me hacía emborrascar y el final y mas eminente, el rastro de la intriga que sembraba.
-¿Por qué lo dices?- cuestioné.
Negó con la cabeza levemente y esbozó una sonrisa pusilánime.
-Pues como dije, no lo se- mordió sus labios, otra duda inacabada, esta vez no me contuve y expresé lo que sentía:
-¿Qué quieres lograr... ¿Hacerte el interesante? ¿Sabes? ¡Estoy harta de que siempre me digas las cosas a medias! ¡Tu jueguito se acabó y yo ya no participo en él!- me revelé con sinceridad.
-Y que hay de ti, ¿eh?- dijo airado, como si mis acusaciones hubieran causado un efecto negativo en el, erguí mi espalda, con efectividad quería saber que me involucraba a mi en el tema. -Te cierras con las personas, no permites que nadie se te acerque, tu rostro a simple vista refleja que algo te oprime, te he preguntado en ocasiones si algo te pasa, como hace un rato cuando te pregunté si llorabas, y ¿Qué hiciste? cambiaste de tema, no entiendes que hay personas a las que les preocupas, en cambio tu, no te dejas ayudar, si nos comparamos verás que yo tengo la razón- su disertación me dejó sin palabras, todo era cierto, me encogí de hombros, puse la mano sobre la mesa y desvié la mirada a un punto inexacto.
-Aquí están sus ordenes- anunció el mesero, mi atención estaba en otro lado, el hambre podía esperar.
-¿No vas a comer?- esta vez su voz era suave. Hubo un silencio incómodo.
-Perdóname... perdóname si dije algo que te haya molestado- murmuró, alcé la vista y lo miré a los ojos, unos ojos apenados.
-Perdóname tu a mi, tienes razón, si hay algo que me oprime pero verazmente... no creo que seas la persona indicada para contarte esto... es... difícil- una voz débil pronunció esto, estaba derrotada, nunca nadie me había tratado de esa manera, no fue mala, si no que me hizo reflexionar como era mi actitud con la gente que me rodeaba y en especial con el, sentía atribulación por ser tan ingrata.
La conjetura de sus labios dibujó una sonrisa su mano toco la mía y la acarició con ternura como muestra de apoyo, yo simplemente traté de bosquejar una sonrisa -Come- ordenó entrañable.
-Gracias- bisbisé.
-¿De que?- arqueó una ceja.
-Por ser así conmigo, ¡ah! y también te pido perdón por haberte dicho que lo malo en mi vida era haberte conocido, me equivoqué, agradezco a Dios que te hayas cruzado en mi camino- fui humilde, no estaba al 1OO% consciente de lo que decía pero había seguridad en esas palabras, y quizá no debería haberlas dicho así, pero no podía regresar el tiempo solo para cambiarlas. No se porque pero me pareció que su rostro se iluminó con un tipo de felicidad. Comimos sin dirigirnos la palabra y era epatante porque el motivo no era un enojo. Durante ese intercambió de miradas mutuas, ¡pero no piensen mal! no eran miraditas amorosas solo... no hay palabras, no se me ocurre ninguna que lo describa pero les aseguro que no era nada de eso que se imaginan, bueno, analicé con gran lujo de detalle las palabras que me brindó, ese manifiesto que cambió mi forma de pensar, proviniendo una frase.
-¿Oye?- lo llamé.
-Si, dime-
-¿Tú te preocupas por mí?-

martes, 5 de mayo de 2009

••Capitulo 38••

-Ya verás- dijo sin apartar la sonrisa de su rostro, por un instante pensé que mis gritos harían un ambiente tenso en aquel auto, pero algo me llamó la atención y eso fue voltear mi cara enfurecida que con lentitud se desvanecía cuando mis ojos señalaron su rostro; su mirada puesta al frente y su sonrisa reluciente me rememoraba a viejos y bellos momentos, contemplé esa imagen, la ilusión hacía confusa a mi vista, su rostro se transformaba mágicamente a uno muy grabado en mi memoria, el de Jonathan.
-¿Tengo algo en la cara?- su voz aterciopelada me liberó de la burbuja que me atrapó, desvendando mis ojos.
-No... Todo esta bien- mi hilito de voz combinó con mis ojos transparentes, trasladé mi mirada a mis dedos, jugaba con ellos entrelazándolos como indicio a mi triste y apenado sentir.
Noté que mi hazaña y promesa no estaba en marcha como me lo había propuesto ¡No estaba logrando nada! ¿Qué caso tenía prometer y no cumplir? No era una cobarde de eso estaba segura como también era una persona estricta consigo misma y una regla importante era: Ser fiel a mis promesas. ¿Entonces por qué perdía esa rutina? ¿Por qué me daba por vencida de nuevo?
Limpié mis ojos para encubrir el lagrimeo leve que se formaba en ellos.
-¿Estas llorando?- preguntó compasivo, mi afán por mitigar ese sentimiento de añoración ante el fue inútil, solo me quedaba una alternativa, desviar el tema, y la oportunidad se presentó cuando aparcó el auto.
-¿Donde estamos?- miré a todos lados que casi mi cabeza daba un giro de 360º, y esto con la esperanza de haber logrado romper ese incómodo rato y otra nueva encontrar mi respuesta en una persona que no fuera el, percatarme por mi misma.
Vi por el retrovisor, la ansiada respuesta había llegado, las luces de neón lo decían todo.
-¿Para qué me trajiste a un Restaurante?- sé que mi pregunta fue de lo más tonta, y todo apuntaba a mi estómago rugidor.
-¿A qué se viene a un Restaurante?- reveló irónico, otra razón mas para decretar que él leía mi mente, o tal vez mi pregunta fue tan patética que cualquiera se hubiera dado cuenta que noté mi estupidez.
-Pues no pienso entrar- crucé los brazos e hice un puchero, como lo mencioné —Mi terquedad destrozaba barreras—
Rió a carcajadas, un plan malévolo ideaba su cerebro.
Antes de que pusiera en acción tal plan, abrí la puerta y tomé mi mochila y salí corriendo hasta la avenida, un taxi debía caerme del cielo, pero dicen que cuando mas deseas algo, mas tarda en llegar.
-Creo que tu intento por escapar- silbó simulando una caída y completó -Falló- eché un vistazo girando un poco mi cabeza y formado una capa traslucida con mi cabello, se encontraba a una distancia aproximada de 5 metros de mi.
Pude sentir como su presencia y su perfume inconfundible se acercaba, tanto que podía percibir como su cálida respiración rozaba mi oído.
-Tu decides, ¿Por las buenas o por las malas?- su voz fue seductora, respingué la nariz y arrugué mi frente, y me borneé encontrando su esbelta figura.
-Ninguna- pronuncié haciendo énfasis entre cada sílaba con ayuda de mi lengua y labios.
Arqueó una ceja, parecía estoico.
-¿Qué... qué haces?- exclamé tartamudeando cuando mi cuerpo se elevaba, me cargaba en brazos como si fuese un bulto de tan solo cinco kilos, caminó mientras lo golpeaba en el pecho gritando una y otra vez un "Bajame" ignorado por el, me introdujo en el lugar a costa de mi voluntad.
-Bienvenidos- recibió cordialmente la voz refinada de un hombre.
-Ya puedes bajarme- murmuré, hizo caso y me bajó, pero ¡Vaya que era precavido! apretó con brutalidad mi muñeca como si una liga me comprimiera, la sangre ya no corría por mis venas en este punto, vi como mi brazo tomaba colores y en especial un color morado.
-Buenas noches... mesa para dos, por favor- su porte de caballero ni él se la creía, un vagabundo era mas educado que el, al menos ellos si sabían tratar a una dama.
-Pasen por aquí- dijo el señor dirigiéndonos a la mesa, así me llevó, jalando de mi muñeca sin importarle ninguno de mis quejidos, el martirio acabó cuando llegamos, me soltó y me senté, froté mi mano, la cual punzaba con intensidad, mis huesos estaba estrujados, adoloridos, fracturados.
-Yo te dije, tu escogiste la mala- su comentario me llevó a mirarlo irritada, unos ojos infernales que causaron su miedo.
Mi cuerpo arrojaba chispas, esa furia que me invadía pronto recaería en el, su sonrisita burlona era un alimento a ese coraje exagerado, el con sus actos aplicaba la magnitud de su muerte entre mis manos, es decir, el decidía como quería morir, como quería que YO lo matara.
-¿Qué desean ordenar?- un mesero llegó, Joseph tomó el menú que este le entregó al igual que a mi.
Era desesperante tener al mesero a un lado y mas con mi estado, parecía como si nos presionara a elegir un platillo rápido, y si no se alejaba de ya, el sería mi víctima.
Joseph revisaba la cartilla totalmente apaciguado, como si la vida no le corriera.
-Yo quiero... Spaghetti- seleccionó su orden y me miró enarqueando una ceja -¿Y tu?- se dirigió a mi dejando una estela de burla.
-Lo mismo- dije cortante, no podía creer que mi estómago me controlara, yo no pensaba comer nada, pero ahora me hacía hablar, un caso ilícito: El hambre es más fuerte.
El camarero anotó las órdenes en una libretita y se alejó caminando con elegancia, a un paso constante y una postura crispada y recta, mientras Joseph me observaba cauteloso...

domingo, 3 de mayo de 2009

••Capitulo 37••

-Parece que terminamos- enunció en un tono agotado, pero no estaba mas agotado que yo, estaba exhausta y eso despertaba mi apetito, mi organismo rogaba por un alimento y tanta era su necesidad que ya comenzaba a rugir quedito en mi interior.
-Si- Mordí mi labio inferior con un semblante de preocupación, angustia de que mi estómago se cansara de esperar y manifestara con gran estruendo sus ganas por ingerir algo.
-¡Wow!- expresó con un toque de sorpresa, mis recelos salían disparados con la idea de que el pudiera descubrir el ensordecedor sonar de mis intestinos gruñendo.
-¿Qué paso?- pregunté con temor.
-¿Ya viste la hora que es?- mi ser dio un respiro de alivio cuando conjeturé que mis sospechas eran inciertas.
Vi como su dedo se elevaba por el aire apuntando al reloj acomodado frente a nuestras narices, mis ojos lo siguieron hasta posesionarse en las manecillas del reloj, las cuales caminaban apresuradas, pues tal fue mi sorpresa al ver que el día se iba tan de prisa.-¡Las 5:3O! grité, en eso comprendí a mi pobre estómago.
Recogí mi mochila y recorrimos juntos los pasadores taciturnos, en los que solo quedábamos Joseph y yo, me sentía como si después de tantos años, saliera de la cárcel en la que había vivido y presenciado miles de torturas, la libertad era fabulosa.
Salimos juntos del inmenso Colegio, el cielo parecía pintado de acuarelas de matices bermejos de la tarde.
Nuestras distancias se volvían más lejanas, se acercó a su auto y abrió la puerta.
Suspiré -Esperó que el camión no este lleno- mascullé hablando conmigo misma.
-Bien... ¿Te llevó?- alzó la voz desde su estancia, riendo con bigardía, las opciones surgían de mi mente y eran dos principales: irme en el camión, y caminar millones de kilómetros hasta mi casa acompañada de un león habitante de mi estómago o ir con el, y seguramente teniendo que soportarlo.
Por un par de segundos hice decisoria, y creo que la primera era la mejor.
-Entonces me voy- afirmó abatido después de ver como perdía el tiempo con una persona tan indecisa como yo.
-¡No!... ¡Espera!- debía haber estado loca, finalmente el victorioso de la guerra era el, y eso quiso demostrar su sonrisa, por primera vez en su tiempo conmigo era persuasivo.
Me acerqué hasta su auto, con un sentimiento de vergüenza, llegaba a ser tan terca que nadie podía conmigo y como las primeras veces siempre suceden, alguien había llegado a convencerme y quitarme por tiempo limitado el orgullo que solía poseer.
Subimos al auto y este arrancó, durante el camino frotaba mis sienes con los ojos entrecerrados.
-Apuesto a que tienes hambre- aseguró, lo que hizo que mis ojos se abrieran como platos, ¿Leía mentes o barrigas hambrientas?
-No- mi voz se deformaba que echaba a perder mi intento por disimular y contradecir a sus palabras.
No fue suficiente que mi lengua hablara porque mi estómago también lo hizo, fue horrible, y no tanto porque me tachó de mentirosa, si no porque me dejó al descubierto enfrente de él, de Joseph, no cabía duda que, el bochornoso momento del año era mío.
Sentí como mis mejillas succionaban la sangre volviéndose rojas, color fresa.
-¿Tomo eso como un si?- preguntó riendo entre dientes. ¿Y yo debía tomar eso como un cachondeo?
No respondí, sentimientos encontrados gozaban de mi, vergüenza, cólera, enfado, entre otros.
-Esta bien, el que calla otorga- me le hubiera arrojado encima, pero se salvó ya que conducía, y yo tenía como obligación retener esa violencia excesiva.
Llevé la mirada al cristal delantero del auto, las calles se hacían conocidas a mi memoria, eso me indicaba que mi casa estaba cerca y pronto esa tortura terminaría.
Pero hubo algo que me desconcertó.
-¡Por aquí no es mi casa!- reclamé al ver como doblaba a una avenida desconocida.
-Lo se- rió, algo ocultaba.
-¡¿A donde demonios me llevas?!-

viernes, 1 de mayo de 2009

••Capitulo 36••

Las horas corrieron en un santiamén, el castigo debía ser ejecutado, me volví a encontrar con (tn) en el Laboratorio, aún se le veía enojada, como también la misma confusión que habitaba en mí, perduraba.
La maestra estaba sentada con su espalda perfectamente recargada en el respaldo de la silla, y una mirada penetrante con eficacia para asustar a cualquiera que atravesara su camino, pude percatarme que algunas manchas verdes adornaban aún su rostro, mi risa quería ser un acompañante a tal escena, pero conocía con gran acierto que había consecuencias ocultas detrás de mi burla, así que tuve que contenerme.
-Ya hablé con el Director y me dijo que limpiaran este desorden y además harán un castigo dicho por mi- hablaba de una manera aséptica, que con solo expeler el aliento congelaba.
-Así es- contestó (tn) agachando la cabeza y encogiéndose de hombros.
-Bueno, quiero un reporte de 5O cuartillas hecho por los dos acerca del proceso de Galvanizado, para el Lunes, o sea que tienen exactamente una semana para entregarlo- se levantó de su silla tomando sus libros y su bolso y caminó con donaire hasta salir del salón, donde no quedaba ni un alma, a excepción de (tn) y yo.
(Tn) levantó la mirada, suspiró profundamente. -Mientras mas pronto acabemos, mejor- dijo sin siquiera mirarme y se dirigió a un pequeño cuartito, sacó una cubeta y utensilios de limpieza que en mi vida había usado, sabía como se llamaban, pero no como funcionaban.
-Toma- me pasó una escoba, era algo novedoso el tener eso entre mis manos.
-Emm... y ¿Cómo se usa esto?- me daba pena preguntar eso, ella pensaría que era el mas tonto del mundo por no saber como darle uso a tal objeto.
Se rió con discreción, y después de eso puso los ojos en blanco para hablarse a si misma. -Por Dios, esto va a ser más difícil de lo que pensé
-Se acercó a mi y tomó mi mano derecha, no se porqué pero mi piel se estremeció cuando su mano hizo contacto con la mía.
-Pones esta aquí- la puso en la parte de arriba del palo. -Y la otra...- me rodeó con sus brazos por atrás sin soltar mi mano y busco la otra y la situó en un extremo mas abajo de mi otra mano -Aquí- comenzó a mover mis brazos de un lado a otro sin dejar de hacer presión con sus manos sobre las mías.
-¿Y así es como se barre?- giré mi cabeza y me encontré con su mirada a un costado de la mía.
Jason tenía razón sus ojos centelleaban mucho mas que la Vía Láctea, con el brillo singular de infinitas estrellas, capaces de transportarte a un mundo completamente distinto.
Pareciera que el tiempo se había detenido, las miradas conectadas una a la otra, podía ver mi reflejo en sus pupilas, como extraordinarios espejos.
Poco a poco ese reflejo se perdía, por una capa cristalina...

(Tn)•-- Desvinculé mis manos enseguida de el y me giré para quedar de espaldas y ocultar las lágrimas que ya corrían por mis mejillas, ¿Qué me hizo llorar? No lo se.
-Si así es como se hace- pronuncié haciendo el mayor esfuerzo por que un sollozo no saliera de mis cuerdas vocales.
Joseph no preguntó nada, era raro de el, ya estuviera inundándome de preguntas pero ahora no...
Limpiamos, aunque creo que el ensuciaba mas, deseaba poder decirle "Si no ayudas, no estorbes" pero veía que ponía de su parte para que le saliera bien la barrida, con el tiempo la experiencia se gana, y el era un principiante en el arte de la limpieza, ¿Qué había de malo con que lo intentara? Y además ninguno de los dos entablábamos una platica, o una pelea, a mi me hacía suponer que era por lo de hace un rato, eso era un nudo en nuestras gargantas...

Pet


pYzam Page Pets
FreeFlashToys Page Pets