Transcurrida otra semana más en la que la sensación de un espacio vacío prorrogaba salí de la clase de geometría cargada de cansancio, aburrimiento, con las piernas entumecidas debido al sedentarismo de la pétrea butaca, el difícil concentrar a una clase de la que no me entraba en la cabeza el comprender un axioma y la entrada y salida de Concesión Express de reflexiones.
En los pasillos, aulas, baños, jardines y en todo rincón sin excepción a ninguno se escuchaban los cuchicheos de todos los estudiantes achispados por “El evento más importante” El Baile de Invierno, cabía confesar que yo no estaba alegre, por dos razones, La primera: No me gustaba bailar y mucho menos transitar por espacios concurridos, henchidos de sonido repercutido en mis sensibles tímpanos vírgenes al volumen excesivo. La segunda: —La pareja— sin referirme a que me urgía conseguirla, si no, que otra vez salía mi debate, que como tema principal era: « ¿Por qué es importante una pareja en un baile? » Tema controversial del que se podía sacar jugo, la gente era tan tradicionalista que usaba la palabra “pareja” como la mas destacada, —Sin dúo, no hay baile— ¿Qué? ¿Acaso esto era un requisito? ¡No! ¿Qué problema tenía el ir con una amiga? Bueno, yo no tenía una “amiga” de mi edad, ni tampoco iría a tal festejo, por eso defendía a otras chicas, esas que quedaban “sobrantes” ya que el idiota que escogía acompañante salía tras los huesos de “la más bonita” si es que así podía llamársele a las típicas cabezas huecas interesadas por el qué dirán y su aspecto […] Pero nadie lograría cambiar la forma de pensar tan terca de un chico, aunque mi punto de vista sería inútil, era una forma de distraerme, mientras seguía mi curso.
Cegada y totalmente ida choqué, levanté la vista, encontrándome con su penetrante y castaña mirada, llena de un brillo resplandeciente que en los últimos meses conseguía sobresaltar mi corazón y golpear vehemente a mi estómago por dentro.
-Emm… lo siento- bajé la mirada blanqueando al suelo, retrocediendo un paso y dando un movimiento para emprender con la pierna derecha, cuando la izquierda quiso rebasarla, esta se vio interrumpida cuando su tibia mano sostuvo mi antebrazo.
-Necesitamos hablar- manifestó circunspecto, mordí mi lengua y giré enfrentándolo.
-¿De qué?-
-Aquí no, ven, vamos- jaló de mi brazo precavido.
Sonreí. -Te sigo- me solté, acepté con algo de gusto al escuchar su voz otra vez sobre asuntos personales y no escolares.
Lo respaldé examinando su refinado caminar, a medida que avanzábamos se perdía de vista a los estudiantes que acechaban parecidos al retrato de La Gioconda solo que en un efecto tridimensional, o sea real y no un bosquejo implantado en un lienzo.
Subimos escaleras, dejé de ser quejumbrosa estando a su lado… aún no dedicándome una sonrisa, un gesto o un aojar apacible, de los que esperaba ansiosa su arribada, pero si permitiéndome ser su compañía, con eso me conformaba, solo momentáneamente.
La terraza de estupendo panorama, cielo despejado y aire sutil, el mejor lugar para dialogar…
-Bien, ya estamos aquí… ¿De qué quieres… ha… hablar?- tartamudeé.
-Estimo que… el tiempo… ya es demasiado… necesito la conclusión, tu conclusión-
Parpadeé timorata sin anexar su mirada a la mía.
-Respóndeme- tomó mi rostro entre sus manos y buscó mi mirada abismada, mi corazón bombeaba la sangre velozmente, y un miedo me conquistó.
-Ya espere, te di tu espacio, ya es hora de que derrumbes de una vez por todas todo esto que se creó aquí- su mano tomó la mía y la retrajo a su pecho, su corazón al igual que al mío botaba disparatado. -(tn) Te extraño, quiero hacer esto…- susurró muy cerca de mis labios y juntó su frente contra la mía. -Sabiendo que sientes lo mismo- esa cercanía era mucha provocación, así que los dos unimos nuestros labios, una beso que revelaba una inmensa ternura…
En los pasillos, aulas, baños, jardines y en todo rincón sin excepción a ninguno se escuchaban los cuchicheos de todos los estudiantes achispados por “El evento más importante” El Baile de Invierno, cabía confesar que yo no estaba alegre, por dos razones, La primera: No me gustaba bailar y mucho menos transitar por espacios concurridos, henchidos de sonido repercutido en mis sensibles tímpanos vírgenes al volumen excesivo. La segunda: —La pareja— sin referirme a que me urgía conseguirla, si no, que otra vez salía mi debate, que como tema principal era: « ¿Por qué es importante una pareja en un baile? » Tema controversial del que se podía sacar jugo, la gente era tan tradicionalista que usaba la palabra “pareja” como la mas destacada, —Sin dúo, no hay baile— ¿Qué? ¿Acaso esto era un requisito? ¡No! ¿Qué problema tenía el ir con una amiga? Bueno, yo no tenía una “amiga” de mi edad, ni tampoco iría a tal festejo, por eso defendía a otras chicas, esas que quedaban “sobrantes” ya que el idiota que escogía acompañante salía tras los huesos de “la más bonita” si es que así podía llamársele a las típicas cabezas huecas interesadas por el qué dirán y su aspecto […] Pero nadie lograría cambiar la forma de pensar tan terca de un chico, aunque mi punto de vista sería inútil, era una forma de distraerme, mientras seguía mi curso.
Cegada y totalmente ida choqué, levanté la vista, encontrándome con su penetrante y castaña mirada, llena de un brillo resplandeciente que en los últimos meses conseguía sobresaltar mi corazón y golpear vehemente a mi estómago por dentro.
-Emm… lo siento- bajé la mirada blanqueando al suelo, retrocediendo un paso y dando un movimiento para emprender con la pierna derecha, cuando la izquierda quiso rebasarla, esta se vio interrumpida cuando su tibia mano sostuvo mi antebrazo.
-Necesitamos hablar- manifestó circunspecto, mordí mi lengua y giré enfrentándolo.
-¿De qué?-
-Aquí no, ven, vamos- jaló de mi brazo precavido.
Sonreí. -Te sigo- me solté, acepté con algo de gusto al escuchar su voz otra vez sobre asuntos personales y no escolares.
Lo respaldé examinando su refinado caminar, a medida que avanzábamos se perdía de vista a los estudiantes que acechaban parecidos al retrato de La Gioconda solo que en un efecto tridimensional, o sea real y no un bosquejo implantado en un lienzo.
Subimos escaleras, dejé de ser quejumbrosa estando a su lado… aún no dedicándome una sonrisa, un gesto o un aojar apacible, de los que esperaba ansiosa su arribada, pero si permitiéndome ser su compañía, con eso me conformaba, solo momentáneamente.
La terraza de estupendo panorama, cielo despejado y aire sutil, el mejor lugar para dialogar…
-Bien, ya estamos aquí… ¿De qué quieres… ha… hablar?- tartamudeé.
-Estimo que… el tiempo… ya es demasiado… necesito la conclusión, tu conclusión-
Parpadeé timorata sin anexar su mirada a la mía.
-Respóndeme- tomó mi rostro entre sus manos y buscó mi mirada abismada, mi corazón bombeaba la sangre velozmente, y un miedo me conquistó.
-Ya espere, te di tu espacio, ya es hora de que derrumbes de una vez por todas todo esto que se creó aquí- su mano tomó la mía y la retrajo a su pecho, su corazón al igual que al mío botaba disparatado. -(tn) Te extraño, quiero hacer esto…- susurró muy cerca de mis labios y juntó su frente contra la mía. -Sabiendo que sientes lo mismo- esa cercanía era mucha provocación, así que los dos unimos nuestros labios, una beso que revelaba una inmensa ternura…





